Yo demeritaba la Marcha Gay. No es algo de lo que me sienta orgulloso por supuesto, sin embargo es parte de mi historia y me parece justo que la conozcan. De otra manera jamás podré trascender la principal causa por las que he sido mi propio verdugo … el Miedo.

Durante mucho tiempo me ví obligado a esconderme detrás de dos gigantescas puertas y un candado. Un clóset profundamente lúgubre y solitario. De niño, estudié en un colegio católico. Tuve que practicar deportes que no me gustaban y realizar actividades que detestaba, crecí con la ideología machista de un hombre lleno de temor ante las críticas y el rechazo por parte de mis compañeros y mi familia. Desarrollé también un profundo rencor, pues a pesar de que yo sabía que ese esquema de machito no iba conmigo, se me obligó a seguirlo. Varios años repudié e incluso atenté contra personas que catalogaba como diferentes, no solo homosensuales sino cualquiera que a mi juicio no siguiera la norma de comportamiento. Aunque por dentro el odio me consumía, aunque tuviese que fingir, aunque cambiase de novia como de calcetines porque simplemente no me contentaba con ninguna, principalmente porque yo lo que quería era un novio.

Desde siempre me supe distinto, desde que tengo uso de razón nunca sentí que podía ser como mi hermano o como el resto de los hombres de mi familia (aunque ahora se que eso no me hace menos hombre). Estuve inmerso en una profunda depresión y francamente me sentía perdido. No fue hasta la preparatoria que tuve que aprender (a la mala), las consecuencias de minorizar a alguien. Tenía un compañero, abiertamente homosexual al que no me cansé de molestar hasta que un buen día me hizo frente, literalmente. Se paró frente a mí, y francamente creía que me iba a golpear. Pero en lugar de eso me dijo algo que se sintió como un certero puñetazo en la cara. “No importa cuántas veces te burles de mí o cuánto me odies, eso no va a cambiar lo que soy y tampoco lo que tú eres”. Nunca voy a olvidar esas palabras, tenía razón. ¿Cómo lo sabía? Lo desconozco, supongo que algo en mí, me delató. En mi actitud, mi manera de hablar, mi forma de vestir, el cómo lo veía, mi caligrafía quizá. O simplemente entendió que la raíz de mi odio era un profundo miedo. Es curioso cómo la vida cambia de un momento a otro y en el momento correcto. Se convirtió en mejor amigo (y más tarde en mi primer novio), fué el que me ayudó a combatir muchos de los demonios que no me dejaban dormir. Sin embargo ese no fue el final de la historia, me desarrollé aún ya admitido como #homosensual ante mis amigos y con las sospechas de mis padres; aún con muchos prejuicios. Ya de por si, decir que me gustan los hombres fue un reto, el entender que a mi alrededor existen una gran cantidad de expresiones de la sexualidad, lo ha sido aún más. Entender por ejemplo, la transexualidad y la bisexualidad, me han tomado bastante tiempo.

Como les comentaba al principio, el post que pretendía hacer para demeritar la marcha tenía un sentido. Sigo pensando que no debemos olvidar el por qué y para qué salimos a marchar. Entiendo que el carnaval, la fiesta y el glitter sean parte de el Orgullo Gay. Sin embargo, para mí, o mi forma de expresar el orgullo también tiene otras vías. Por ejemplo, escribir para ustedes, siento que es mi manera de ayudar a acabar con algunos estigmas, personales sobre todo. No ha sido simple, y supongo que no lo es para nadie, aún hoy tenemos que enfrentarnos a muchas formas de discriminación incluso de parte de nosotros. Al crecer con miedo y rencor, fomentamos la intolerancia, la transmitimos a otros con nuestras micro-agresiones, que terminan convirtiéndose en un problema de grandes magnitudes. Aunque a veces se me olvida y se me sale una “j”, eso no quiere decir que minorice a mi propia comunidad a la que hasta hace algún tiempo no sentía que pertenecía, quiere decir que aún debo trascender mi miedo y mi propia ignorancia. Porque el hecho de que yo asuma mi homosexualidad con un comportamiento masculino no quiere decir que sea mejor o que sea la manera idónea de ser homosensual. En el pasado sentía que la comunidad LGBTTI, más que inclusión, pretendían un separatismo o una exclusividad colgándole la palabra gay a cualquier otro concepto. Sin embargo, ahora entiendo que precisamente porque aún muchos y muchas pretenden ocultar estas realidades en el clóset, es necesario romper estas barreras, y si eso implica el uso de un símbolo, una bandera, o un grupo de gente vestida de colores para que el resto de la gente caiga en cuenta de que no pueden, en base a una serie de prejuicios absurdos, acallar una realidad inminente. La homosexualidad existe tanto como la heterosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, etc. Y todas y cada una son formas de expresión de algo que nos une a todos como humanidad: AMOR.

Así de que después de un tiempo entendí que la marcha no es un acto de ridiculez o de exhibicionismo, se trata de defender la libertad de expresar la sexualidad con orgullo; la propia y la del otro, que merece el mismo respeto que yo.

Quizá luego de leer esto, muchos entiendan que lo único ridículo

sería no levantar la voz…

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