¿Estamos condenados a vivir en el “Pueblo chico, infierno grande” versión digital? ¡Enorme telaraña social, líbranos de todo mal digital!

El que nos conozcamos” entre todos, se ha hecho tan común… Ya no llegas a escuchar alguna historia sin ponerle una cara al nombre. Tenemos a nuestro alcance galerías repletas de la vida de alguien más en cuestión de segundos, podemos saber su arroba en Twitter, foto actualizada de perfil, número de selfies, donde comió, con quién se codea, qué escucha, cómo viste, y qué clase de descripción pone en sus fotos. Todos somos el crush de alguien, sin importar cuan “reales” nos veamos en la vida real.

Ya no tienes que esperar al encuentro acordado o casual para saber cómo es alguien. Según todos en la red.

Ilusión Digital

Todo se ve precioso bajo un filtro en Instragram y la realidad es que es que en gran parte las fotografías ahora y desde siempre han sido un claro reflejo de querer capturar perfección. Y hablo sobre las fotos comunes, no sobre las bellas piezas que logran capturar artistas alrededor del mundo, hablo sobre las fotografías de recuerdo. A nadie le gusta capturar momentos tristes, ni situaciones incómodas, ni de dolor. Por el contrario, las fotografías siempre tratan de reflejar lo mejor de nosotros… incluso si hay que posar para lograrlo.

Y eso sólo por mencionar esa área, porque a la hora de publicar los estados más divertidos, elocuentes y a veces hasta robados, hubo una espera previa al decidir publicarlo o no; no hay factor sorpresa, no se sabe si así es realmente. Nada más que Ilusión  digital.

 Atracción

En estos tiempos, y en especial para las nuevas generaciones… sonará descabellado el pensar en atracción, partiendo de una interacción frente a frente. Y no los culpo. La verdad es que es mucho más fácil mirar perfiles en la red, cual catálogo, y decidir qué es lo que nos gusta y lo que no, para lo que nos alcanza y para lo que no. Es sencillo, y hasta divertido para algunos.

¿Pero qué hay de la atracción que nace  de mirarse a los ojos?  ¿De las risas tontas, de los sorpresivos encuentros? De la insoportable atracción.

Para terminar con este breve discurso que parece más el de una abuela idealizando la atracción, amor y deseo: quizás ya muy pasadita de moda, hay rescatar el hecho de que ambas cosas son prácticamente lo mismo, sentir atracción es en cierta medida una ilusión. ¿Pero que no sería increíble que en un mundo lleno de aplicaciones, interacciones, likes y demás, usáramos la forma de simpatizar natural, y la que de verdad derrite?  ¿La atracción corporal, verbal y circunstancial?

Creo que deberíamos intentarlo, y dejarnos sorprender. Dejar de vivir para un mundo digital por un segundo y ver más allá. Hay cosas que sólo pasan una vez, hay personas que sólo se pueden contemplar una vez.

En la red todo es relativamente eterno, basta con un screenshot.