Continuando en esta línea temática acerca de los prejuicios que debemos erradicar, esta vez quiero hablarles sobre ser amanerado, o femenino en un mundo de machos alfa, lomo plateado, pelo en pecho, barba de candado.

Anteriormente les hablé de El terrible y muy equivocado ideal del “Hombre gay perfecto” que tenemos, porque ser homosensual es vivir en un mundo que constantemente intenta decirnos cómo vernos, cómo comportarnos, cómo ser en orden de agradarle a alguien más. Y lo peor, es que nos hemos creído estos estándares como verdades acerca de lo que significa ser felices.

Spoiler alert: De todas formas nunca vas a complacer a todo el mundo. 

Pero vayamos por partes. Primero hablemos de esta serie de normas que dictan lo que un hombre (para merecer llamarse así) debe ser. El machismo es un modelo que nos ha enseñado a reprimir esa parte femenina con la que todos los hombres nacemos por naturaleza. Nos cuesta trabajo entender que la mente humana funciona gracias a una serie de contrastes combinados en distintas medidas para originar nuestros patrones de comportamiento. No hay nada vergonzoso en que algunas de nuestras formas de expresarnos sean femeninas porque no hay nada vergonzoso en el hecho de ser mujer. Punto. Así que el machismo está basado, no solo en un absurdo, sino en una tremenda inseguridad en mostrarse vulnerable o sensible porque esas emociones están reservadas para las mujeres y demuestran debilidad. Qué pereza, ¿no?

Y digo pereza, porque debe ser realmente cansado andar por la vida pretendiendo que nada te conmueve y que nada te duele con tal de conservar la supremacía ficticia de tu sexo. Y es por ello que muchos hombres heterosexuales y lastimosamente homosexuales también, necesitan (a veces parece una urgencia) pregonar a los cuatro vientos lo varoniles que son como una forma de ponerle un escudo a su frágil masculinidad.

Un ejemplo de este tipo de homofobia lo ha dado Eliad Cohen, primero con los comentarios que hizo de “eliminar el estereotipo gay extravagante” en los medios de comunicación. ¿Por qué? ¿Porque ser fortachón y varonil es mejor? Lo que les comentaba anteriormente sobre este erróneo ideal de un hombre gay fue reivindicado por este… personaje en un video que recientemente subió a redes sociales (y luego borró), en el que reafirma esta creencia tan retrógrada acerca de que la intolerancia a la diversidad sexual se combate con violencia. Y que si eres delgado y afeminado entonces alguien te dará un puñetazo en la cara y por ello tienes que ser hipermasculino y estar mamado para merecer respeto. Really, queen?

Ejem, ejem…

No digo que no hay hombres que exudan testosterona y son bonitos y están bien. De hecho, estoy seguro de que habrá muchos de ellos que no les de miedo llorar, cruzar la pierna, bailar una canción de pop, besar en la mejilla a su mejor amigo, etc., porque saben a la perfección que no se les va a caer o encoger el pene si lo hacen.

Y si es preocupante este tema cuando se trata de hombres heterosexuales, en hombres homosexuales (desde mi perspectiva) lo es más. La razón: somos un grupo vulnerable, estamos expuestos todo el tiempo al rechazo. Sí, cada día avanzamos más como comunidad, pero eso no nos exime de las burlas, las miradas inquisidoras y el repudio que aún hoy algunos seres humanos expresan hacia nosotros. Podría pensarse que estos factores negativos nos formarían como seres humanos sensibles ante los problemas que devienen del machismo y la misoginia. Sin embargo a diario escuchamos en nuestro entorno palabras como “obvia” o “loca”, cuyo afán es inferiorizar a aquellos hombres homosexuales por ser “amanerados”.

En el miedo a vernos afeminados viene implícito un urgente anhelo de ser aceptados, de mezclarnos con el resto de los hombres y ganarnos la etiqueta de “normal” o el “elogio” de que alguien nos diga que no se nos nota y hasta se sorprendan cuando expresamos que somos homosexuales. Tenemos miedo también a que estas actitudes afeminadas nos hagan perder el control que por naturaleza poseen los hombres. Y aunque ustedes, homosexuales discretos varoniles fuera del ambiente nieguen que les causan aversión los afeminados, así es. Pero el miedo que ustedes tienen está en no querer perder la supremacía que creen tener. Reitero, pueden negarlo y lo entiendo. Pueden creer que esta aversión puede provenir de “un simple gusto” porque prefieren a los hombres varoniles, pero la forma en la que estos prejuicios nos fueron inculcados fue tan sutil, que hoy por hoy están convencidos de que si les gustan “machines”, no tiene nada que ver con que sea por el hecho de que persiguen aquello que con toda el alma desean ser, o en su defecto, porque tratan de alejarse lo más posible de lo que son por miedo al rechazo.

La necesidad de un nuevo modelo de masculinidad

Durante mucho tiempo, vi la imagen que tengo de mí porque nunca fui el más varonil de los niños. Nunca me sentí como los otros y muchas veces compartí mis ratos de juego con niñas más que con niños. Yo no entendía por qué experimentaba mucha más libertad al sostener una muñeca entre las manos que al patear un balón. Pero eso sí, desde niño aprendí a compartir mis juegos con niñas a escondidas o con el miedo latente de que los demás niños se burlaran de mí o que mi padre me obligara a regresar a las prácticas de fútbol para que se me quitara “esa manía”.

Y les cuento esto, por un tema muy simple. La libertad. Necesitamos replantearnos la forma en la que vemos lo masculino y lo femenino, no como dos categorías, sino como dos complementos que se conjuntan en mayor o menor medida y que ayudan a forjar el carácter de cada persona. No podemos seguir entendiendo las expresiones de género como dos colores distintos, sino como matices que se combinan y forman colores distintos cada día.

Tenemos que dejar de educar machitos y dejar de promover esta idea de la supremacía de los varones sobre las féminas. Y no por el tema de la homosexualidad, sino para que cualquier hombre (heterosexual o no) viva con plena libertad de expresarse y de responder a sus necesidades afectivas, sexuales y de comportamiento sin que alguien más lo haga sentir avergonzado.

Los homosensuales… un poco más cerca del rosa

Si los homosexuales estamos más cerca del lado femenino, ¿por qué insistimos en ridiculizar a los hombres gays afeminados? ¿Por qué nos produce tanto escozor un homosexual que se maquille, que use tacones o que al expresarse se vislumbre mucho más ese lado femenino? Más que miedo es un profundo desconocimiento y ego, ego machista de creer que él es inferior porque cae en el cliché del homosexual amanerado a diferencia de ti, que eres un machote super viril que pone a hombres y mujeres a sudar. Por supuesto que no estás obligado a que te gusten los hombres amanerados, por supuesto que no tienes por qué sentirte atraído a ellos, pero por ningún motivo tienes derecho a mostrar actitudes que los discriminen o los hagan sentir inferiores. Así que quita de una vez ese “no locas, u obvias” de tus perfiles de ligue y sé más amable porque aquí, todos nos metemos lo mismo a la boca y ninguno es más ni mejor por ello.

Si lo que buscamos a nuestro alrededor es respeto, es visibilidad positiva y que se nos deje de ver como ciudadanos de segunda clase, comencemos entonces por nuestra comunidad. Antes de criticar o juzgar a otro homosensual por su aspecto o sus gustos, ¿te has dado la oportunidad de conocerlo? ¿De entenderlo? ¿Sabes su historia? ¿Sabes si alguna vez alguien lo golpeó o lo insultó por expresar de más su lado femenino? No te confundas querido “machín”, no estás mejorando la especie, al contrario, estás contribuyendo a preservar un modelo que reprime y castiga la diversidad sexual a la que perteneces. En otras palabras, se llama auto sabotaje. ¿Me explico?

Y para mis queridos homosensuales que se han sentido discriminados o rechazados por no ser varoniles, un pequeño consejo de parte de un ilustrador español que me encanta para que recuerden siempre ondear su bandera tan alto como quieran. #AmaneradoYOrgulloso

Ilustración: Alfonso Casas Moreno

Y tú ¿qué opinas?