“Aún usé  Disquet” una confesión muy fuerte para una persona Millenial, no porque sea malo si no por la sorpresa de lo arcaico que resulta.

Les pongo en contexto, un disquet es un  “Medio de almacenamiento removible, cuyo soporte es un rectángulo de plástico rígido simple, con un sector de material magnético protegido por metal.” Sólo en caso de que no lo supieran.

Y a lo que voy: ¿No les espanta como de pronto todo va más rápido con la tecnología?  ¿El impacto que ha ocasionado y lo que ha influido a nuestros valores?

Aquel sistema de almacenamiento, aunque arcaico sirve para lo mismo que nuestros sistemas de almacenamientos actuales, restando claro la eficiencia. Y  lo mismo pasa con nosotros como sociedad, porque es verdad que no hay nada nuevo bajo el sol, sólo cambia el escenario. Pero es que cuando hablamos de apariencias (que vaya que en todo momento de la historia, se ha hecho presente), da más miedo con las herramientas actuales.

 

El actual mundo de apariencias, lo encuentro un tanto más aterrador. Y estoy hablando de lleno sobre obsesión por la redes sociales, todos persiguiendo números, interacciones, reacciones ajenas que nos hagan sentir aprobación. El mundo siempre se ha regido por supuesta “popularidad”, por parte de a quienes endiosamos.

La visión  y  lo que nos llega a transmitir es un sinónimo de felicidad. Ser una persona “socialmente activa” y reconocida en plataformas digitales, ser su propia marca, obtener entradas a lugares preferenciales, viajar, codearse con los grandes, que las marcas que adoras se arrastren a tus pies. En conclusión, lo que actualmente se busca es ser influencer. Y no los culpo. ¿Quién no? Pero, ¿Estamos realmente dispuestos a tomarlo con la seriedad requerida sin dejar de disfrutarlo? ¿Cómo regulamos nuestra imagen virtual de influencia con la de la vida real? ¿Cuántos números de seguidores vales para que seas tratado con respeto? ¿Qué tanto sacrificas para conseguir esa clase de privilegios y cuánto dolor emocional causa, el hecho de tener que acomodar tus acciones para ser un modelo de vida digno de seguir a ojos cerrados?

 

En este mundo de apariencias no importa tu número de seguidores, mientras te desvivas por hacer tu vida aún más “genial”. No estamos cayendo más que cualquier otra generación, este no es el hilo negro y el elitismo virtual no se va a ir a ninguna parte.

Sin embargo me preocupa la soledad que a ratos encerramos, me preocupa que muchas de nuestras fuentes de recompensa mental se base en corazones, y reacciones vacías disfrazadas de emojis… porque si se observa de manera objetiva ¡Es una estupidez!

Me preocupa que estas personas en las que nos convertimos por lapsos indefinidos,  consideren incluso que la pobreza económica es un reflejo directo de que alguien puede ser, o no, una persona interesante. ¿Ya no importa mucho lo que hay en nuestra cabeza? ¿Era sólo un postureo aquel cliché “hipster” de hace un tiempo “ Una persona sexy, lee”?

Debemos estar preparados para vivir en este mundo apariencias que no va a desaparecer, sin perder la  noción de lo verdaderamente importante, sin satanizar lo que nos favorece.

Lo realmente importante, viene en compartir lo genuino lo que haces para ti.  Pero sobre todo pelear por una autentica libertad de expresión, no auto censurar lo que somos por miedo a no encajar, no mordernos las ganas de decir y hacer lo que nos plazca sólo por no dañar susceptibilidades ajenas. Encontrar congruencia entre lo  que piensas, lo que dices, lo que haces y por consecuencia con los sitios que amas visitar.

Y esta libertad es exactamente por lo que hemos luchamos de tiempo completo, si te gusta un hombre… ve y besa a ése hombre. Si te enamoras de una mujer, ve y ámala. Si quieres dar like a una página XXX, adelante. Si te gusta un un Blog, vas y lo sigues sin siquiera cuestionar cómo se vería en tu perfil.   No eres quién vemos en Internet, eres lo que haces en la vida real.

Hay que dejar de moderar lo que nos gusta, porque encajar en un mundo de apariencias cansa.

Incluso si eres de la idea de publicar todo el tiempo lo feliz que estás, hazlo por ti; al final sólo le importa a los que te quieren, así que basta de obsesionarnos con que todos lo sepan, porque no tenemos nada que desmostrar. ¡La pobreza mental da más pena, que una foto de baja resolución con pocos likes! ¡Hace falta dejar de ser elitistas virtuales de clóset! 

Les propongo que seamos todos influencers de ideales claros, honestos, que transmitan un bien común, que sigan sacando hermosas fotos en Instagram, que acomoden precioso su desayuno y le tomen foto, que vayan a los mejores eventos o a la fiesta de su tía aburrida y que nos sigan compartiendo si así lo quieren . Pero que no pierdan el piso jamás. Importas tú, no tu cara, no tus fotos, no tus amistades. Importas tú.

Y tú ¿qué opinas?